El cerebro que aún no conocemos: las conexiones ocultas que podrían explicar su capacidad de adaptación
El artículo “The secret connections of the brain: a connectomic reserve for neuroplasticity?”, publicado por Roberto Lent, Fernanda Tovar-Moll y Diego Szczupak en Brain, propone un concepto novedoso denominado “reserva conectómica” (connectomic reserve). Los autores plantean que la capacidad del cerebro para adaptarse ante cambios ambientales, aprendizaje o lesiones podría depender no solo de las conexiones neuronales que utilizamos habitualmente, sino también de una extensa red de conexiones “ocultas” que permanecen disponibles durante toda la vida. El concepto se relaciona con la conocida reserva cognitiva, pero desplaza el foco desde la capacidad funcional del individuo hacia la propia arquitectura de las redes cerebrales.
Para desarrollar esta hipótesis, los autores revisan especialmente la formación durante el neurodesarrollo de los circuitos comisurales, con particular atención a las conexiones del cuerpo calloso. Durante el desarrollo embrionario se generan numerosas proyecciones axonales que inicialmente pueden seguir trayectorias que posteriormente no se consideran parte de la conectividad adulta convencional. Algunas de estas conexiones son ectópicas, cuando alcanzan territorios diferentes de los previstos, y otras heterotópicas, cuando establecen conexiones con regiones distintas dentro de los patrones habituales. Tradicionalmente se ha asumido que buena parte de estas conexiones desaparecen durante el proceso de maduración cerebral mediante poda neuronal; sin embargo, diferentes estudios experimentales indican que algunas persisten en el cerebro adulto, aunque permanezcan funcionalmente silenciadas o tengan una actividad muy limitada.
La propuesta central del trabajo es que estas conexiones residuales podrían constituir una especie de “reserva anatómica” para la plasticidad cerebral. Durante el desarrollo, las redes pueden experimentar procesos de poda o expansión que modifican su estructura, mientras que en el cerebro adulto las conexiones que permanecen podrían regularse fisiológicamente mediante mecanismos de inhibición o facilitación. De esta manera, ante determinadas necesidades —por ejemplo, cambios en el entorno, aprendizaje, pérdida de una función o reorganización sensorial— el sistema nervioso podría modificar selectivamente la actividad de estas vías alternativas y aprovecharlas para optimizar el funcionamiento de las redes existentes.
Esta hipótesis resulta especialmente interesante para comprender fenómenos de neuroplasticidad y reorganización funcional. Una lesión cerebral, por ejemplo, no tendría que generar necesariamente conexiones completamente nuevas desde cero: parte de la capacidad de recuperación podría depender de que el cerebro disponga previamente de conexiones alternativas que permanecen latentes y que pueden ser reclutadas cuando las circunstancias lo requieren. En este sentido, la reserva conectómica podría proporcionar un sustrato anatómico para fenómenos como la plasticidad interhemisférica o la reorganización cross-modal, y podría ayudar a explicar por qué individuos con lesiones cerebrales aparentemente similares pueden presentar capacidades de recuperación muy diferentes.
Sin embargo, los propios autores subrayan que la reserva conectómica es actualmente una hipótesis y no un concepto demostrado. La evidencia revisada procede fundamentalmente de estudios experimentales sobre circuitos comisurales y de observaciones de conectividad cerebral, por lo que todavía es necesario comprobar si este mecanismo opera de forma generalizada en otros sistemas neuronales y determinar hasta qué punto esas conexiones “ocultas” son funcionalmente relevantes en humanos. Las nuevas técnicas de neuroimagen de alta resolución y las herramientas capaces de estudiar simultáneamente estructura y función podrían permitir comprobar esta hipótesis en los próximos años. Si se confirma, el concepto proporcionaría un nuevo marco para entender la reserva cognitiva, la recuperación neurológica y la extraordinaria capacidad del cerebro adulto para reorganizarse ante las demandas del entorno o el daño cerebral.
