Los traumatismos craneoencefálicos pueden dar lugar a muy diversas lesiones que con mucha frecuencia pueden estar asociadas. A continuación, describimos las más frecuentes diferenciando, en primera lugar, las lesiones que afectan al cráneo y a continuación aquellas que tienen lugar sobre el encéfalo:
- Fracturas craneales, que a su vez se subdividen en:
- Fracturas lineales de la bóveda craneal: Afectan a la superficie del cráneo. Son las más frecuentes y a su vez las más leves de manera que rara vez precisan tratamiento quirúrgico. Pueden, no obstante, asociarse o dar lugar a hematomas intracraneales extraaxiales (típicamente epidurales) que pueden ser subsidiarios de evacuación quirúrgica. Rara vez, en niños semanas después de la fractura puede tener lugar la herniación de parte del parénquima cerebral a través de los bordes de la misma dando lugar a las denominadas fracturas evolutivas o quistes leptomeníngeos postraumáticos. En estos casos es necesaria la reparación quirúrgica.
- Fracturas hundimiento de la bóveda craneal: Definidas por el desplazamiento de parte de la bóveda craneal hacia la cavidad craneal con posibilidad de impactación de fragmentos óseos en el cerebro. Va a haber, por tanto, en mayor o menor medida una lesión cerebral traumática asociada. En estos casos ha de plantearse la reparación de la fractura, la retirada de fragmentos óseos de la cavidad craneal y el control de daños cerebrales.
- Fracturas de la base del cráneo: Afectan comúnmente al peñasco temporal, región clival o fosa craneal anterior. En las fracturas del peñasco es frecuente la aparición de otorragia (salida de sangre a través del oído), así como la parálisis facial y la pérdida de audición. Todas ellas pueden asociar fístula de líquido cefalorraquídeo. Suelen deberse a traumatismos craneoencefálicos graves de manera que en ellas pueden producirse lesiones graves a nivel del parénquima cerebral o tronco del encéfalo así como afectación de los principales vasos sanguíneos cerebrales.

- Lesiones traumáticas cerebrales:
- Hematomas epidurales: Tienen lugar en el espacio situado entre el cráneo y la duramadre. Características de niños y jóvenes. Casi siempre están asociadas a una fractura craneal. En ocasiones pueden tardar minutos en manifestarse de manera que clásicamente se describe un “intervalo lúcido” en el que la persona que lo sufre se recupera tras perder inicialmente el conocimiento y transcurridos unos minutos comienza a sentirse mal como consecuencia del crecimiento del hematoma. En estos casos, es precisa la evacuación quirúrgica urgente del hematoma.
- Hematoma subdural agudo: Tiene lugar por debajo de la duramadre, la capa meníngea más superficial. Se encuentra por tanto en íntimo contacto con el cerebro. A diferencia de los anteriores, suelen presentarse en adultos generalmente mayores, lo que unido a su proximidad con el cerebro les confiere un peor pronóstico. En caso de alcanzar un volumen crítico o dar lugar a una alteración neurológica debe plantearse la evacuación quirúrgica.
- Hematoma subdural crónico: Suele aparecer también en adultos mayores como consecuencia de un traumatismo craneal que pasó desapercibido pocas semanas antes. Los tratamientos antiagregantes y anticoagulantes favorecen su desarrollo. Suelen manifestarse como torpeza para la marcha o el lenguaje, o bien como dolor de cabeza o demencia rápidamente progresiva. En caso de alcanzar un volumen crítico o dar lugar a una alteración neurológica van a precisar la evacuación quirúrgica mediante trepanación.
- Hemorragia subaracnoidea traumática: Es una sufusión hemorrágica que tiene lugar debajo de la aracnoides, la capa meníngea intermedia. Por sí sola no es capaz de ejercer un efecto compresivo sobre el cerebro, por lo que no precisa tratamiento quirúrgico. En sus formas simples y cuando no asocia otras lesiones de mayor envergadura suele tener un curso leve.
- Contusión cerebral hemorrágica: Se trata de lesiones hemorrágicas dentro del cerebro como consecuencia de un traumatismo. Pueden aparecer o aumentar de tamaño de forma diferida, principalmente en las primeras 48-72 horas. En caso de alcanzar un volumen crítico o dar lugar a una alteración neurológica, debe valorarse la evacuación quirúrgica.
- Edema cerebral difuso: En estos casos tiene lugar la inflamación generalizada del parénquima cerebral como consecuencia del traumatismo. Ello da lugar a un estado de inconsciencia que generalmente debe ser mantenido y controlado mediante el coma inducido. Es preciso controlar la presión intracraneal llevando a cabo ajustes de tratamiento para evitar incrementos peligrosos en la misma. En caso de que no se logre el control de la presión intracraneal debe considerarse la intervención quirúrgica.
- Lesión axonal difusa: A diferencia de los anteriores se trata de una lesión más sutil (pues tiene lugar a nivel microscópico) que, sin embargo, puede tener consecuencias devastadoras. En ella se produce el cizallamiento de parte de las conexiones intracerebrales generalmente debido a traumatismos de alta energía en los que se producen fuerzas rotacionales sobre la cabeza. La Resonancia Magnética representa una herramienta fundamental para su diagnóstico. Existen diferentes formas y grados de gravedad. Aún en los casos severos, puede tener lugar la recuperación neurológica incluso meses después.




