Las fracturas vertebrales son frecuentes sobre todo en la columna dorso-lumbar. Pueden aparecer como consecuencia de mecanismos muy diversos; desde grandes traumatismos, en cuyo caso su tratamiento puede estar condicionado por la presencia de otras lesiones, o bien tras traumatismos banales o incluso de forma espontánea, sin traumatismo alguno. Estos últimos casos definen las “fracturas patológicas” en las que es preciso buscar una causa subyacente estructural o sistémica que haya provocado el debilitamiento óseo. Esta situación es especialmente frecuente en mujeres tras la menopausia debido al desarrollo de osteoporosis. Estos casos precisan iniciar un tratamiento para compensar la desmineralizacón ósea.

A la izquierda se muestra una fractura vertebral inestable de D11 . La imagen de la derecha correponde al control postoperatorio tras la estabilización de dicha fractra mediante una fijación transpedicular corta mínimamente invasiva. Obsérvese la recuperación de altura de la vértebra afectada gracias al empleo de un mecanismo de distracción capaz de generar la ligamentotaxis.

El tratamiento de las fracturas depende fundamentalmente del grado de deformidad asociado, la afectación de ligamentos (ambos aspectos definen la presencia o no de inestabilidad) y el que exista o no una lesión neurológica. En caso de fracturas estables sin déficit neurológico se emplea una ortesis mientras que en presencia de inestabilidad o afectación neurológica debe valorarse la cirugía.

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