Los abscesos cerebrales representan una entidad muy grave pero potencialmente curable. Para lograr un buen resultado es preciso un diagnóstico rápido y una firme decisión en el tratamiento.
Los abscesos cerebrales continúan asociando una alta probabilidad de déficit neurológico permanente y mortalidad. Su aparición en pacientes inmunocompetentes es infrecuente
en el mundo occidental. Su incidencia en Estados Unidos se sitúa en torno a un caso por cada 100.000 personas al año. En Europa se calcula que tienen lugar entre 1.500 y 2.500
casos al año2. Alrededor del 1-2% de las lesiones ocupantes de espacio intracraneales en el mundo desarrollado resultan ser abscesos.
Dentro de sus principales etiologías, la siembra por contigüidad procedente del oído medio, la orofaringe y los senos paranasales representa la principal causa. Los abscesos
cerebrales pueden también originarse a través de una diseminación hematógena o bien en relación con un traumatismo craneal o un procedimiento neuroquirúrgico. Se calcula que
entre el 3-13% tienen un origen odontogénico. Esta vía ha sido además relacionada con buena parte de los casos de origen criptogenético, los cuales representan entre el 20-30% del total. Por ello, siempre ha de tenerse en cuenta el absceso cerebral en el diagnóstico diferencial de las lesiones ocupantes de espacio en personas que hayan sido sometidas durante las semanas previas a cualquier procedimiento, por poco invasivo que este sea.
Entre el 24-40% de los abscesos cerebrales pueden presentar cultivos negativos. El inicio de la antibioterapia previo a la toma de muestras parece ser la principal causa de este
fenómeno.
La presentación clínica de un absceso cerebral es variable, pues dependerá de las condiciones preexistentes del paciente, el tamaño, la localización del absceso y de las características del microorganismo. La cefalea, las náuseas y vómitos, así como
la alteración del nivel de conciencia, representan los síntomas más frecuentes.

La secuencia de difusión de la resonancia magnética cerebral posee una gran importancia en el diagnóstico de los abscesos cerebrales. De esta manera, una lesión cerebral con
captación de contraste en anillo, que muestre además restricción en la difusión, ha de ser altamente indicativa de absceso cerebral. La espectroscopia, por su parte, puede igualmente ser de ayuda en el diagnóstico de estos casos.
El manejo óptimo de los abscesos cerebrales va a consistir en el drenaje quirúrgico combinado con el tratamiento antimicrobiano. La tasa de mortalidad de esta enfermedad
ha disminuido desde un 30-60% a inicios de los años setenta hasta un 0-24% en nuestros días.




