Procesos asistenciales integrados o cómo solucionar los problemas actuales (o buena parte de ellos) del sistema sanitario

Con gran frecuencia oímos testimonios contradictorios acerca del funcionamiento de una misma institución sanitaria o incluso del sistema sanitario en general. Experiencias muy positivas contrastan con otras nefastas. ¿Son buenos o malos nuestros hospitales? Depende…del problema que uno tenga.

Así, es frecuente que una persona que haya experimentado un infarto agudo de miocardio relate una experiencia altamente satisfactoria con una atención exquisita por parte de los profesionales, mientras que alguien que esté en estudio por un cuadro doloroso osteomuscular se encuentre muy poco satisfecho con la atención recibida.

¿Es esto casualidad? Sin duda, en parte es debido a la naturaleza de las patologías y a cómo la Medicina ha avanzado para lograr tratamientos altamente efectivos y resolutivos como sucede en caso del infarto agudo de miocardio. Sin embargo, esa capacidad de resolución ciertamente no es extensible a todas las condiciones ni enfermedades.

Pero además de esto existe otro aspecto diferencial. Y es que patologías altamente prevalentes y de gravedad como el infarto agudo de miocardio, el ictus o el politraumatismos forman en parte a día de hoy de los llamados “Procesos Asistenciales Integrados” en los que la toma de decisiones y cada paso se encuentran protocolizados de forma exquisita, de tal modo que cada actor implicado tiene claro qué ha de hacer en cada momento existiendo además una monitorización exhaustiva del factor tiempo para evitar de este modo resultados indeseables.

Por tanto, se acepta a día de hoy que el hospital del futuro (¿y por qué no ya del presente?) ha de rediseñar su organización en base a estos “Procesos Asistenciales Integrados”. Así, en lugar de atender “enfermedades” y estar agrupados en “Departamentos” estancos, los profesionales habrían de estar implicados en estos “procesos” en función de su competencia profesional. Tales “procesos” no estarían limitados únicamente a patologías graves que precisen una atención urgente, sino que recogerían  el conjunto de problemas de salud posibles, de tal manera que para cada uno de ellos se establecerían una serie de pasos y un cronograma, con unos plazos que clarificarían en qué momento ha de ser atendido el paciente con un máximo de tiempo deseable que sea razonable.

Existirían, pues, procesos asistenciales también para problemas concretos como la catarata, la artrosis avanzada de rodilla que precise un reemplazo protésico o los problemas de pared abdominal que precisen reparación. Y en estos procesos habría de existir un plazo máximo de resolución, además de la posibilidad de libre elección de centro hospitalario dentro de una red de colaboración en la que deberían tenerse en consideración los diferentes centros con competencia para la resolución de tales procesos con independencia de que sean públicos o privados, lo que a su vez habría de redundar en la búsqueda de la excelencia de cada centro y en la especialización por procesos.

Así, esas listas de espera de más de 2 años para resolver problemas como cataratas o cirugías de rodilla habrían de quedar desterrados para siempre….al menos parece lo justo existiendo medios para ello dentro de nuestro sistema sanitario.

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El Dr Antonio José Vargas López comparte a través de este blog noticias relacionadas con avances en Neurocirugia y Cirugia de Columna

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