Gestión clínica orientada a la seguridad del paciente (y de los profesionales)
Las instituciones sanitarias representan organizaciones en las que se llevan a cabo prácticas de alto riesgo donde es frecuente la aparición de eventos adversos y complicaciones debidos en ocasiones a erroresinvoluntarios. Se estima que en torno al 10% de los pacientes ingresados pueden sufrir un incidente de seguridad, de los cuales hasta un 50% podría ser evitado aplicando prácticas seguras1,2 .
En el contexto actual marcado por una crisis global económica, financiera, política, institucional y social desatada a finales de la primera década del siglo XXI y refrendada una década después por la pandemia, el problema del gasto sanitario se ha hecho aun más patente. A este inconveniente se unen las demandas de una población cada vez más informada y exigente junto con un desarrollo tecnológico exponencial en una época marcada por la fascinación tecnológica que impulsa a la aceptación casi automática de los avances antes de comprobar la ventaja efectiva que prometen y la viabilidad de su adquisición.
A la insatisfacción y falta de calidad percibida por los usuarios hay que sumar el descontento reinante en buena parte de los profesionales, acentuado por la resaca postpandémica. Las instituciones sanitarias, organizaciones basadas en el conocimiento en las que formación y competencia de los trabajadores representa el principal capital productivo generador de valor añadido, encuentran a día de hoy auténticas dificultades para gestionar el potencial de los trabajadores sanitarios, de manera que no está resultando sencillo ubicar a cada trabajador en el lugar correcto, en el momento adecuado y haciendo la tarea adecuada con la que se produzca la alineación deseable de los intereses de la organización y de sus empleados para prestar un servicio efectivo a la sociedad. Ello está favoreciendo la renuncia de muchos trabajadores sanitarios sobre todo del sistema de salud público que agotados por la falta de incentivos, desarrollo profesional11 y la frustración de sus aspiraciones se refugian en un sector privado cada vez más en boga.
La gestión de la complejidad forma parte de la actividad habitual de los profesionales sanitarios. No por ello los errores en la atención sanitaria han de asumirse como inexorables o como resultado colateral del afrontamiento de situaciones caóticas o desfavorables. El nuevo profesionalismo sanitario hace, por tanto, obligado el diseño de herramientas encaminadas a minimizar los incidentes. Tales herramientas pueden comprender desde la adquisición y aplicación de tecnología avanzada en maquinaria o desarrollos computacionales, hasta la potenciación de habilidades blandas más próximas a la nanogestión como la comunicación efectiva con los pacientes o entre profesionales3 .
El informe «To err is human» publicado en 1999 por el Instituto Americano de Medicina puso este problema en el foco4 . Conscientes de ello, durante las últimas dos décadas las organizaciones sanitarias lideradas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) han tenido como objetivo prioritario la seguridad del paciente5, 6, 7. De esta manera, se han implementado medidas orientadas a reducir los incidentes de seguridad. Estas actuaciones han tenido un calado importante fundamentalmente en el ámbito de los cuidados. Actualmente hay una serie de medidas estandarizadas como los protocolos para reducir las bacteriemias por catéteres (bacteriemia zero y flebitis zero), la prevención de la infección quirúrgica (infección quirúrgica zero), la prevención de infecciones asociadas a ventilación mecánica (neumonía zero), la prevención de caídas, los protocolos de seguridad quirúrgica como el listado de verificación quirúrgica (check list) propuesto por la OMS, la trasferencia segura de pacientes, la identificación inequívoca de pacientes mediante pulseras de identificación, el uso seguro del medicamento, la trazabilidad de muestras biológicas, los protocolos de higiene de manos, así como los sistemas de notificación y registro de los incidentes de seguridad5,6,7 .
El interés de la OMS por la seguridad del paciente ha dado lugar a la publicación en Enero de 2021 del «Plan de acción por la Seguridad del Paciente para el periodo 2020- 2030», con el cual se proporciona una orientación estratégica dirigida a mejorar la seguridad del paciente con recomendaciones que van desde niveles políticos a niveles de centro sanitario básico7 .
Fuentes:
1. Agra Varela Y. Seguridad del paciente y gestión del riesgo [Internet]. Madrid: Escuela Nacional de Sanidad; 2014 (actualizado 2023) [consultado 11 Junio 2023]. Disponible en: n14.9_Seguridad_del_paciente_y_gestion_de_riesgos.pdf
2. Estudio Nacional sobre los Efectos Adversos ligados a la Hospitalización. ENEAS 2005 [Internet]. [consultado 11 junio 2023]. Disponible en:
https://www.sanidad.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/excelencia/opsc_sp2.pdf
3. Repullo-Labrador JR. Introducción a la Gestión y su aplicación en la Sanidad. GAPS [Internet]. 20 de mayo de 2022 [consultado 11 de junio de 2023];1:2. Disponible en: https://revistas.uned.es/index.php/GAPS/article/view/33894
4. Kohn LT, Corrigan JM, Donaldson. Institute of Medicine. To Err Is Human. Building a Safer Health System. Washington, DC: National Academies Press; 1999.
5. WHO Patient Safety & World Health Organization. WHO guidelines for safe surgery 2009: safe surgery saves lives. World Health Organization [Internet]. 2009 [consultado 11 de junio de 2023]. Disponible en: http://www.who.int/patientsafety/safesurgery/en6.National Patient Safety Agency. WHO surgical safety checklist [Internet]. January 2009.[consultado 11 Junio 2023]. Disponible en: http://www.npsa.nhs.uk/nrls/alerts-anddirectives/alerts/safer-surgery-alert
7. World Health Organization. Global Patient Safety Action Plan 2020-2030. Towards Eliminating Avoidable Harm in Health Care. Third Draft. January 2021. [Internet] Geneva: 2021. [consultado 11 Junio 2023 ]. Disponible en: https://www.who. int/teams/integrated-health-services/patient-safety/policy/ global-patient-safety-action plan

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