Con la llegada del verano cada año recibimos en nuestras urgencias hospitalarias una importante cantidad de accidentes acuáticos por inmersión. Se trata de traumatismos sufridos por personas que se sumergen en el agua de forma violenta. Tienen lugar tanto en playas como en piscinas y en numerosas ocasiones van a acompañarse de una lesión en la médula espinal que puede generar una paraplejia o tetraplejia según la localización del golpe.
Podemos distinguir dos grandes grupos de traumatismos sobre la columna vertebral y la médula espinal relacionados con la inmersión. Por un lado, se encuentran los traumatismos cervicales sufridos por aquellos que se lanzan al agua de cabeza, las denominadas “púas” en nuestro medio. Independientemente de que se trate de una zona teóricamente profunda, la velocidad que alcanza el cuerpo puede dirigirnos de forma muy rápida al fondo, produciendo así una colisión en la cabeza y en la zona cervical que va a provocar una fractura a este nivel con una lesión medular que puede generar una tetraplejia. Estas personas suelen precisar de cirugías para la estabilización de la columna cervical si bien en el caso muy probable de que se haya producido una lesión en la médula espinal con tetraplejia, las secuelas neurológicas permanecerán de por vida.
El otro gran grupo de traumatismos vertebromedulares relacionado con la práctica acuática, cuya frecuencia se encuentra tristemente en aumento, es el motivado por lanzarse al agua de pie o en posición fetal (las denominadas popularmente “bombas”) desde pequeños acantilados o zonas elevadas. Aunque se trate en ocasiones de zonas de poco más de un metro, estas personas van a presentar un alto riesgo de sufrir fracturas vertebrales en la región dorsal y lumbar. En estos niveles pueden producirse lesiones en la médula que provoquen una paraplejia y que, como en el caso anterior, precisen cirugías correctoras para estabilización mecánica de la columna vertebral, no pudiendo sin embargo, restablecer la función neurológica en el caso de que la lesión medular se haya producido.
La concienciación sobre estas lesiones, su gravedad y el grado de discapacidad que pueden generar es esencial para incidir en la prevención de las mismas como instrumento fundamental para minimizar su impacto. Sólo hemos de pararnos a pensar en que todos aquellos que tristemente las sufrieron, en ocasiones personas experimentados, nunca habrían pensado que estaban ante tal peligro.
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