A lo largo del último año con la irrupción de la pandemia COVID 19 y la posterior campaña de vacunación mucho se ha hablado acerca de la trombosis venosa cerebral. El New England Journal of Medicine ha llevado a cabo recientemente una revisión sobre esta patología.
En esta rara enfermedad la formación del coágulo tiene lugar en el interior de senos venosos o venas cerebrales, lo que le diferencia del ictus isquémico, más común, en el que el coágulo tiene lugar en el sistema arterial. La formación de estos coágulos en el sistema venoso puede dar lugar a dos fenómenos: por un lado la disfunción de la zona cerebral afectada con la aparición de focalidad neurológica (pérdida de fuerza o sensibilidad en la mitad del cuerpo así como trastorno del lenguaje, etc) o bien al aumento de la presión intracraneal. La enfermedad puede avanzar en las primeras horas – días pudiendo ser fatal hasta en un 8% de casos. Además de estos síntomas se asocian a esta enfermedad la cefalea (frecuentemente como síntoma inicial), las crisis epilépticas y el deterioro del nivel de conciencia que puede conducir a la aparición de coma (éste último como síntoma tardío y de mal pronóstico).
En el diagnóstico de esta enfermedad además de la sospecha clínica, juegan un papel fundamental las pruebas radiológicas (TAC, angioTAC en fase venosa y la Resonancia Magnética). El tratamiento se basa fundamentalmente en la anticoagulación, así como el correcto manejo de las complicaciones asociadas: epilepsia con la adecuada cobertura anticomicial así como el manejo de la hipertensión intracraneal en caso de presentarse. El tratamiento endovascular para extraer el coágulo ha demostrado resultados prometedores si bien aún no forma parte del estándar en el manejo de esta patología.
Entre los factores que asocian un peor pronóstico se encuentran la edad y la aparición de anticuerpos anti PF-4 estén o no asociados a la vacuna ChAdOx1 nCoV-19 (Astra Zeneca).
Fuente: Ropper AH, Klein JP. Cerebral Venous Thrombosis. N Engl J Med. 2021 Jul 1;385(1):59-64.
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