Existe una gran esperanza en la capacidad de la terapia celular regenerativa para el tratamiento de las lesiones cerebrales provocadas por los ictus. Pese a ello hasta la fecha no se han logrado alcanzar grandes avances en este terreno. La revista Neurosurgery lleva a cabo recientemente una revisión de este tema.
Hoy en día se sabe que la plasticidad neuronal es capaz de contribuir a la rehabilitación de parte de las secuelas que tienen lugar tras un ictus. Sin embargo, en los casos más severos esta cualidad es incapaz de compensar la gran incapacidad que afecta a estos pacientes.
Los estudios preclínicos que se llevaron a cabo a principios del presente siglo estuvieron acompañados de un gran entusiasmo de cara a poder lograr la sustitución de las células dañadas en el ictus por células renovadas. Sin embargo, los ensayos clínicos dirigidos a implantar injertos neuronales en el cerebro dañado no tuvieron éxito. Posteriormente se ha trabajado en emplear células madre para modificar los mecanismos de inmunomodulación, angiogénesis y neurogénesis de cara a minimizar el daño cerebral y tratar de potenciar la plasticidad.
La esperanza de lograr injertos neuronales capaces de reemplazar a las células dañadas en el ictus no ha de ser pese a ello abandonada. De hecho, la creación de injertos conformados tridimensionalmente gracias a los avances de bioingeniería ha demostrado una gran capacidad para integrarse y sobrevivir en cerebros dañados. Aunque no se ha logrado aún que dichos injertos sean funcionantes, este avance ha elevado nuevamente las expectativas puestas en esta terapia.

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