Los gliomas grado II de la OMS comprenden un heterogéneo grupo de neoplasias cerebrales que tienen asociada una mediana de supervivencia de unos 48 meses desde su diagnóstico. Debido a este comportamiento biológico existe a día de hoy un consenso por el que el manejo de estas lesiones ha de ser agresivo abogándose por la cirugía resectiva lo más amplia posible desde el inicio.
En la práctica clínica, sin embargo, debido al cada vez mayor empleo y resolución de la Resonancia Magnética nos encontramos en ocasiones con lesiones descubiertas de forma incidental que plantean un reto diagnóstico con estas neoplasias. Las lesiones que pueden simular los gliomas de bajo grado comprenden desde secuelas de eventos vasculares, encefalitis, gangliogliomas o tumores disembrioplásicos. Frecuentemente nos son referidos pacientes asintomáticos con sospecha de glioma de bajo grado en los que la incertidumbre diagnóstica dificulta la toma de decisiones.
Recientemente un grupo de investigadores de la Universidad de Montpellier ha publicado en la revista Neurosurgery su experiencia con este tipo de pacientes. Se trata de un estudio retrospectivo en el que de un total de 101 pacientes 82 fueron manejados mediante intervención quirúrgica. En todos ellos el diagnóstico anatomopatológico confirmó la presencia de glioma de bajo grado. En los 19 restantes (un 18,8%) las lesiones se mantuvieron estables durante el seguimiento.
Los autores destacaron entre las características útiles para diferenciar a los verdaderos gliomas de bajo grado de las lesiones no evolutivas la afectación de la ínsula, el borramiento de surcos adyacentes, la capacidad para crecer durante el seguimiento y el volumen mayor de 45 cm3.

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